Para salir del nido se necesita algo dentro que sea mucho más fuerte que la seguridad del hogar, el refugio de tu propia cultura, incluso más fuerte que tus miedos y la propia ignorancia, no solo de la edad, sino de la vida misma.
Tenía 20 años cuando decidí irme de casa al otro lado del planeta, nunca había ido más allá de 150 km a la redonda. Me fuí con la ilusión de aprender a pintar al óleo con una parienta artista que me había prometido mil cosas. La experiencia no fue ni de lejos como la había proyectado desde los 12 años en que la conocí. Sin embargo gracias a ese impulso 26 años después estoy aquí.
Aquí estoy 26 años después viviendo este proceso pero del otro lado. Mis hijas están preparando su partida. Se van de casa y a otro país, si bien no es al otro lado del planeta no deja de ser el abandono del nido. Estoy viviendo las últimas veces junto a ellas.
Reflexiono entonces sobre el nido vacío, ¿Queda vacío? o tan solo cambia. Me gusta sentir que el nido, más que vacío, cambia de forma o incluso quizás se expande.
Hemos compartido 22 años siendo 4 y tan solo 3 siendo 2. Volvemos al punto de partida como pareja. ¿Cómo será volver a ser dos 22 años después? y más allá de volver a ser dos y de todo lo que conlleva, caigo en la cuenta de que es el principio de mi etapa como adulta mayor. Estoy a las puertas de mi “adulta mayor” con todo lo que ello conlleva en mi, en la sociedad, en mi carrera profesional.
Simultáneamente están pasando muchas más cosas dentro mío que están de momento “tapadas” por la partida de mis hijas. La perimenopausia encabeza esta oleada de cambios que se vienen nada más quedemos solo 2 en casa.
Vuelvo al inicio de este posts, ¿el nido vacío realmente queda vacío? ¿De qué depende?
Menos mal que tengo la fotografía y el arte para explorar este nido vacío que intuyo (o quiero hacerme a la idea) inspirador y lleno de nuevas posibilidades que antes tal vez no me hubiese animado a concretar por aquello de no quitar tiempo a mis hijas, a la familia. Pero ahora todo puede ser, he vivido la experiencia de maternar en primera línea durante los 22 y 20 años de mis hijas.
En lo que concierne a ellas todo está hecho. En lo que concierne a mí todo está por hacer.
Es una nueva etapa y el nido está preparado para acoger todo lo nuevo que nos depara la vida a cada miembro de esta familia que sigue siendo nido lleno dentro de cada uno de nosotros.
Me gustaría poder hablar más de esto, poder compartir con otras mujeres en este mismo momento vital porque soy consciente que cada una lo vivimos desde lugares tan distintos y muy ligados a las propias experiencias de vida por las que hayamos pasado. Como madres y también como personas este momento de la vida puede ayudarnos tanto a crecer pero también puede despertarnos temas internos que habíamos dado por resueltos o incluso olvidados y que ahora se reavivan.
Si lees esto y estás en esta circunstancia, escríbeme, sería maravilloso concretar un espacio común de nido vacío-nido lleno.